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El Palau de la Música

Se construyó entre los años 1905 y 1908, el edificio es un claro ejemplo de la arquitectura modernista de la época.

El proyecto surge para cubrir la necesidad de un auditorio.

 

El proyecto se le encargó al arquitecto Lluís Domènech i Montaner, uno de los arquitectos modernistas más destacables.


En 1908, como parte de la celebración inaugural del Palau, se celebran una serie de conciertos de la Filarmónica de Berlín dirigida por el mismísimo Richard Strauss.

 

El exterior del edificio está decorado con figuras y simbolos que aluden a la música, estos conjuntos escultóricos aúnan los caracteres modernistas y barroco.


Los interiores mezclan los materiales arquitectónicos típicos con elementos cerámicos y de vidrio tan característicos del Modernismo. En concreto, con piezas de trencadís, técnica propuesta por Gaudí, que no se muestra de manera tan desbordada en la obra de Domènech.

 

Uno de los iconos del Palau son los tubos del órgano que se encuentran en la parte trasera del escenario, y que hacen también la función de ornamento del mismo.

 

El escenario se encuentra enmarcado por alegorías a la música como los cúmulos de los cuales emerge la cabalgata de las valquirias, el busto de Beethoven, o el busto de Josep Anselm Clavé autor de la canción “Les flors de maig” y que también podemos ver en uno de los laterales del escenario. La sala de conciertos fue concebida como una enorme caja de cristal, ya que se encuentra bajo una enorme claraboya de cristal que le da la apariencia de una caja de música.

 

Siguiendo las pautas del movimiento modernista veremos en el escenario muchos de los elementos que caracterizan este movimiento artístico, las vidrieras que componen la enorme claraboya, las esculturas de las musas que ornamentan el hemiciclo realizadas por el escultor Eusebi Arnau, que se funden con los mosaicos de Lluís Bru.

 

La única época negra que ha pasado el Palau por así decirlo, fue la clausura del Orfeó Català, por orden de Primo de Rivera en 1925, bajo la dictadura del mismo, lo cual supuso un duro golpe para el panorama musical europeo. Este paréntesis acabará en 1930, con la celebración de los Jocs Florals de Barcelona, un certamen poético y literario de gran importancia. Aunque no es hasta 1946, al final de la Guerra cuando el Orfeó Català reanuda sus actividades con la interpretación del Requiem de Mozart.
En esta época de la dictadura de Primo de Rivera, el Palau continua con sus iniciativas culturales, y es de destacar la labor que realizaba para difundir el conocimiento musical en todos los estratos sociales. Con este fin, en 1926 se inician las actividades musicales de la Associació Obrera de Concerts que promovió Casals y pretendía introducir la cultura musical en la clase obrera.
El Palau siempre ha estado abierto a aumentar su repertorio musical, por ello en 1936 se celebra la primera sesión de jazz, modalidad musical que se incorporaría con total normalidad a la programación habitual del auditorio y que abriría sus puertas a grandes figuras como Ella Fitzgerald y Duke Ellington que visitaron la ciudad condal en 1966.

 

Es todo un espectáculo entrar en este palacio, imagínate adentrarte en el con todas sus maravillas y añadirle la musica que suena en el.


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