Barcelona Romana

Desde el año 218 a. C. hasta el siglo I a. C. la información es escasa. La entrada de la Antigua Roma –por entonces una República– en la península Ibérica para contrarrestar el poder de los cartagineses acabó por devenir en el inicio de la conquista del territorio, que duraría hasta el 19 a. C., año en que Augusto daría por concluido el control de la península. La prolongación de esta conquista fue debido a la fuerte resistencia que expusieron los pueblos del interior y del norte.

 

Durante el control de Roma por Augusto, que convirtió sus dominios en imperio, se formalizó el nombre de Barcino, forma reducida de la oficial Colonia Faventia Iulia Augusta Pia Barcino, o la más comúnmente extendida Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino. Es con el nombre de Barcino que aparece en el célebre mapamundi de Claudio Ptolomeo. La mención de Colonia hace referencia a una ciudad fundada para distribuir tierras entre los soldados romanos retirados del ejército, en este caso tras las Guerras Cántabras. Era también conocida en forma reducida como Colonia Faventia. El geógrafo romano Pomponius Mela hace referencia a la población –entre otros pequeños poblados de la zona– bajo la sombra de Tarraco. El papel estratégico de Barcino, punto de llegada de los grandes ejes norteño y mediterráneo, otorgó a la ciudad desde muy pronto un activo desarrollo comercial y económico. Desde muy pronto también disfrutó de exención de impuestos.

 

En la refundación de Augusto, Barcino tomó la forma urbana de castrum inicialmente, y oppidum después, con los habituales ejes organizadores Cardus Maximus y Decumanus Maximus y un espacio central o foro, asentado sobre el montículo Mons Taber, ya ocupado por la presencia layetana. El conjunto estaba amurallado, con un perímetro de 1,5 km y protegiendo un recinto de 12 ha. Una parte significativa de la antigua Barcino es visible en el subsuelo arqueológico del Museo de Historia de Barcelona, donde también se encuentran testimonios de sus monumentos y de la vida cotidiana de sus habitantes.

 

El máximo esplendor de la época romana se dio durante el siglo II, con una población que debía oscilar entre los 3500 y 5000 habitantes. Un personaje destacable de ésta época fue Lucio Minicio Natal, quien –junto con su padre– mandó construir las termas de la ciudad. La población ascendió a entre 4000 y 8000 habitantes durante el siglo III. La principal actividad económica era el cultivo de tierras circundantes, que tenía buena fama y se exportaba a otras áreas del imperio como la Galia, Italia, el norte de África e incluso en la frontera germánica. Por el valor de los restos arqueológicos (tamaño del templo, abundancia de esculturas, mosaicos, ánforas) se ha determinado que los habitantes gozaron de un buen nivel de vida. Sin embargo, la ciudad no dispuso de teatro, anfiteatro ni circo.


 

 

 


 

 

 
 
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